viernes, 1 de junio de 2012

Mi amor


Vivo en una casita al fondo a la izquierda. Es la típica frase de todos, solo que en mi caso es especial. Es una casita de verano, donde no hace ni frío ni calor. Una casa normal, donde pasan cosas normales. Allí me hice mujer. Fue una noche de verano, yo volvía sola a mi casa después de una fiesta que tuve con mis amigos. Raramente, ese día hacía frío, lo cual me extrañó mucho. Empezó a llover, fue una cosa de los más inesperada. Entonces me puse a correr. Me tropecé y caí al suelo. Me quedé quieta, sin moverme. Me sentía una completa inútil. Me quedé unos minutos más así, y luego empezé a levantarme. Ya no iba corriendo, sino dando un paseo bajo la lluvia. Me apetecía cantar y dar saltos de alegría, como hacían en las películas de amor, pero ese no era mi caso. No había nadie esperándome con un paraguas. La lluvia se iba haciendo más pesada, y cada vez tenía mas frío así que dedicí pararme y quedarme bajo en techo de un local viejo. El tiempo pasaba, y tenía mucho frío, me había enfriado de tanta lluvia. Estaba claro que ese iba a ser el peor día de mi vida. Nadie pasaba, a esas horas era normal que todos estuvieran durmiendo, y dedicí volver a caminar. No me podía sostener con mis propios pies, estaba muy cansada y cada vez me iba poniendo peor, hasta que caí el suelo. Mis fuerzas me había fallado, no me podía volver a levantar. Y me quedé allí, sola sin la ayuda de nadie. Y al cabo de unos segundos, se oín pasos hacia mí, yo pensaba que ahí no lo contaba, ese iba a ser mi fin. Los pasos cada vez estaban mas cerca mía, y cesó el sonido cuando se encontraban delante mía. Se oía una voz, pero yo no la oía bien. Lo único que pude hacer antes de desmayarme, fue intentar volverme a levantar, pero mi esfuerzo fue inútil.Cuando me desperté, todo lo que me rodeaba era distinto a cómo yo lo recordaba. No era mi casa, de eso estaba segura. Estaba en una habitación muy cálida y acogedora. Mientras contemplaba lo que se encontraba a mi alrededor, vi a un hombre sonriendo. Era un chico de la misma edad que yo, tal vez algo mayor, pero no mucho. Tenía los ojos azules como el cielo, y el pelo castaño. Parecía que era fuerte por los músculos que le pude ver. El muchacho seacercó hasta mí. ¿Estas mejor? Yo le contesté que sí. Le pedí disculpas por haberle causando tantas molestias, y cuando iba a salir de la cama para levantarme, me fui a caer el sueli pero antes de sentir nada, mi salvador me había cogido en brazos. Estaba muy anonanada, era un chico guapísimo y había tenido mucha suerte de que me contrara tirada en la calle. ¿Dónde crees que vas? Todavía no estás del todo bien para poder ir sola por tu cuenta. Si quieres, yo puedo quedarme contigo. Esas frases nunca se me olvidarán, me lo dijo con una pícara sonrisa. Y tuve que hacerle caso y me quedé con él. Estuvimos hablando y perdimos la noción del tiempo. Se hizo de noche muy pronto, o al menos eso me pareció a mí y por lo tanto fui a ducharme. Esa ducha me sentó muy bien, y gracias a él ya me iba recuperando. Desgraciadamente, llegó el momento en que me tenía que ir, ya estaba bien. Pero, antes de irme, el chico me cogío por la cintura. NO quiero dejarte marchar, me dijo con una mirada nostálgica. Y en ese mismo momento, me besó. El tiempo se detuvo. Estaba soñando, tenía que ser un sueño, no podía ser real. Me seguía besando apasionadamente, como si no existiera el mañana. Y entonces ocurrió lo inesperado, le beśe. Le besé con todo mi esfuerzo, me gustaba, aquello no estaba nada mal. Te quiero, dijo mientras me besaba. Desde ese día, fui muy feliz. Justo después de estar un buen rato besándonos, él me fue quitando los pantalones. Yo ya sabía a donde iba a parar esto, pero me daba igual, quería disfrutar, ser feliz.  Me cogió en brazos y nos fuimos a la cama, luego él se quitó su camiseta. Yo me eché encima suya, y  le besé. Cariño, le dije, este es el mejor día de mi vida. Claro que lo es, mi amor, me respindió él. Me fue desabrochando uno por uno los botones de la blusa que él me había prestado, ya que yo tenía la ropa rota y sucia. Yo le fui bajando poco a poco el patalón. Me acuerdo, que me quitó mi ropa interior con su boca, lo cual me pareció un juego muy divertido. Yo hize lo mismo y al final acabamos los dos, desnudos en la cama. Ya estaba todo listo, le amaba. Había estado con él menos de un día y me había enamorado. ¿Sabes qué? El destino nos ha unido, me dijo. Después de eso, con un movimiento siave, me puso debajo suya en la cama y las cosas surgieron a su tiempo, la gente tocaba el timbre pero no nos levantamos de la cama, era el día perfecto como para estropearlo. Todo había empezado. Nuestra aventura, nuestro amor. Desde ese día, su casa se convirtió de los dos. Yo vendí la mía y me fui con él a vivir. Hasta entonces, yo no había tenido mucha suerte, pero las cosas cambian y puedes encontrr al chico perfecto en cuestión de segundos, porque el amor existe para todos. Esta es mi historia

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